miércoles, abril 26, 2006

En mayo, Rolling Stone le trae...


Las razones de Jorge González para romper su mítica promesa: en exclusiva, después de dos años de silencio, el ex Prisionero cuenta por qué ya no va más con la banda y ahora prefiere vivir en México. ¿Por que te vas, Jorge?
Además, especial de moda Ropa&Roll, la voz de los '80 llega a La Moneda con Lagos Weber, lo nuevo de Gustavo Cerati, todas las patadas y combos de Kiltro y mucho más. En este mes del mar, Rolling Stone Chile nos salva del ahogo.

domingo, abril 09, 2006

El gusto de volar


Aunque no llegó nunca a puerto, hace un tiempo me embarqué en la tarea de seleccionar las canciones imprescindibles para acompañar un vuelo intercontinental. Como proyecto para una revista de línea aérea, el ejercicio consistía en seleccionar los mejores sonidos de la música popular para que los pasajeros disfrutaran al máximo su estadía a bordo. Algo así como una terapia de audífonos, para que todos llegaran a sus destinos relajados y enteros.

No hay nada más estresante que volar, dicen los expertos. Ese momento previo a despegarse del suelo, ese tenso deambular entre los terminales, puede llegar a ser incluso más traumático que el mismo hecho de suspenderse en el aire. La previa a sentarse en una estrecha butaca de clase turista puede ser algo agobiante, vertiginoso, descontrolado. Y esa desagradable sensación de inestabilidad fue lo que, justamente, Brian Eno quiso atacar con un experimento notable que llamó “Ambient 1: Music for Airports”.

Después de crear bandas de sonidos para películas imaginarias (“Music for films”) y mientras producía simultáneamente la trilogía más clásica de su amigo David Bowie (“Low”, “Héroes” y “Lodger”), el inglés se acercó a los encargados del aeropuerto La Guardia, allá en Queens, Nueva York, para ver testear reacción de los pasajeros ante un trabajo de piano y secuencias repetitivas de sonidos que acababa de terminar en sus máquinas. En su cabeza, Brian Eno había diseñado un disco que pretendía acabar con el miedo a volar y la angustia de la espera.

Lo perfecto es enemigo de lo bueno, dice el cliché, y el cerebro creativo de Roxy Music ha sido siempre uno de los músicos más perfectos de todos los tiempos: la paz y el bienestar contenido en las melodías de “Ambient 1: Music for Airports” provocó, en su tiempo, que los pasajeros relajaran los músculos a tal extremo que empezó a crecer el porcentaje de pérdida de vuelos.

La ansiedad y la euforia, casi como el efecto de una droga, fue reemplazada por apacibles siestas en las salas de embarques y La Guardia bajó su ritmo por un par de semanas inolvidables. Hasta que las autoridades decidieron suspender para siempre el plan piloto y no seguir perdiendo los millones de dólares en atrasos, reclamos e incertidumbre. Por eso, de tan bien logrado, el disco se transformó en un fracaso perfecto.

Nunca he escuchado el disco a bordo de un avión, confieso, pero en tiempos de tanto movimiento aéreo, como el de estos días, no vendría nada de mal probar el resultado en nuestro ya acelerado Arturo Merino Benítez. Sus cuatro movimientos de armonías corales y minimalismo, de verdad, transportan hacia un estado de ensoñación indescriptible. El tiempo, además, parece detenerse y una extraña sensación de placidez se dibuja en la sonrisa.

Cada vez que quiero viajar con la imaginación, “Ambient 1: Music for Airports” me timbra el pasaporte hacia aquello que llaman la felicidad más pura. Así da gusto volar.

PD: Acompañe el vuelo con una copa de Syrah, ojalá reserva para que la madera haga lo suyo en lo que a cuerpo se refiere.